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Mario Vargas Llosa o una vida hecha literatura

Mario Vargas Llosa Juan Butten Literatura hispanoamericana latinoamericana

por Juan Butten

Dentro de los muchos oficios que tuve que realizar en la República Dominicana para ganarme la vida de manera honrada, está el de trabajar en una empresa de mudanzas internacionales como supervisor. Era algo que, en principio, pensé que no me iba a gustar mucho, pero me di cuenta de que no era tan complicado. Al llegar de lunes a viernes por la mañana a la empresa, me entregaban una orden en la que debía ir tanto a la capital como al interior del país a llevar mudanzas que venían de todas partes del mundo.

De lo que más agradezco haber vivido en esa experiencia fue el poder, un día, conocer a un autor que había leído con devoción desde mi juventud. Sin darme cuenta, iba a poder entrar en su casa y, además, pasar un buen rato hablando sobre literatura latinoamericana, especialmente sobre Borges, Bosch, Onetti y otros autores latinoamericanos que tuvieron tanta relevancia durante los años del boom y posteriores.

Recuerdo que fue un martes por la tarde cuando nos indicaron que debía estar en la empresa a las 6 de la mañana con siete hombres, además del chofer del furgón, para evitar el tráfico. Así que salimos con la brigada. Al llegar a la empresa, Lucho, quien en ese entonces trabajaba en la parte de aduanas y ya había revisado el furgón el día anterior, me dio las indicaciones por teléfono. Me explicó que el furgón venía de España, lo cual confirmé con el conductor que me entregó la documentación. Lucho me dijo: "Lo que a ustedes les espera no es fácil. Es un contenedor marítimo de 20 pies lleno de libros, solo libros. Esos libros hay que entregarlos y colocarlos con la persona encargada de la biblioteca del dueño."

Pensé que sería un trabajo delicado y que nos tomaría días colocar esos libros en alguna biblioteca en Juan Dolio, República Dominicana.

Sin embargo, todo resultó ser mucho más fácil de lo que pensaba. Descargamos el furgón antes de las 12 del día. Los libros venían en cajas pequeñas marcadas con letras del abecedario, y hasta vi varias cajas dedicadas completamente a la obra de Balzac. Les dije a mis compañeros que tomaran un receso, y la brigada se fue a almorzar, mientras yo me quedé conversando con una señora peruana muy simpática encargada de organizar esa biblioteca. Empecé a hablarle sobre aquella colección de libros, y, alrededor de las 12:30 pm, salió el autor de La ciudad y los perrosMario Vargas Llosa, vestido con ropa color beige de lino. Me sorprendió mucho verlo, pero intenté quedarme lo más tranquilo posible. Pensé que, mientras más normal me comportara, sería mejor para poder hablar con él, y así fue. Ese día, comencé a hablar con un genio, un gigante de la literatura, del cual no sabía que era tan amable y gentil.

Como soy una persona curiosa, le dije que había disfrutado mucho leyendo Travesuras de la niña malapero que, sin lugar a dudas, mi libro favorito de todos los suyos que había leído era La guerra del fin del mundoMientras hablaba con él, sentí una amabilidad tan natural que parecía que no estaba conversando con Vargas Llosa, el gran escritor que aún no había recibido el Nobel, pero que para muchos, como yo, se lo debían desde Conversación en la catedralEra un hombre sereno, risueño, y mientras le hablaba de una de las cajas que la señora peruana había abierto, tomó un libro que estaba encima de una mesita al lado de un sillón.

La señora me preguntó algo sobre una caja titulada con una "D" en una etiqueta amarilla. Miré un estante a mano derecha de la entrada y vi decenas de hipopótamos de diferentes formas, colores y tamaños. Luego lo vi de nuevo, sentado en un sillón de piel marrón, tomando otro libro de la mesita. Este era un libro encuadernado en pasta dura, lo acercó a su nariz, oliéndolo, como si estuviera disfrutando del aroma de los libros nuevos.

Una joven asistenta del hogar le dijo que tenía una llamada telefónica. Vargas Llosa se levantó del sillón, me miró, sonrió de forma amable y se dirigió a una de las habitaciones. Yo me quedé al pendiente de que todo saliera a la perfección. Luego llegaron los muchachos que colocarían todos los libros en su lugar. Y empecé a pensar en algo que siempre me dijo mi madre: las personas más geniales, por lo regular, son humildes. Yo me encontraba ante un rockstar de las letras, más generoso que he conocido en toda mi vida.

A eso de las siete de la noche, terminamos de colocar los libros en su lugar. Nos iríamos hacia Santo Domingo y, cuando nos preparábamos para irnos, Vargas Llosa salió a supervisar cómo había quedado todo. Sonrió, nos dio las gracias y, todo el camino hacia Santo Domingo, yo iba muy contento. Había conocido a alguien a quien admiraba mucho por su trabajo y con quien tuve la posibilidad de hablar sobre literatura como si fuera con algún amigo, un amigo a quien de vez en cuando vuelvo a leer con mucho entusiasmo y alegría.

Y más aún, porque este 28 de marzo de 2025, Mario Vargas Llosa celebra su 89° cumpleaños, un hito en la vida de uno de los escritores más importantes de la literatura contemporánea en lengua española. En este mes, se publicarán dos biografías del Premio Nobel: una de Pedro Cateriano y otra de Alonso Cueto. Estos libros repasan la vida del autor, quien será recordado no solo por su obra literaria, sino también por su defensa activa de los derechos humanos. A lo largo de su carrera, Vargas Llosa se ha convertido en un referente de las letras hispánicas y una figura fundamental en la lucha contra las dictaduras y en la promoción de la democracia.

Feliz cumpleaños, don Mario.

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